Desde niña fui la más engreída no solo de casa sino de toda la familia. Era la primera hija, la primera sobrina y la primera nieta.
No había ni un día que me dejaran de tocar las mejillas o comúnmente llamados "cachetes", con las palabras clásicas "que linda tu hijita", "se parece a su papa" (esa parte no se si era un halago la verdad, ya que mi madre era y es muy guapa).
Hasta que un bendito día, me revele, estire mi bracito milimétrico con toda la fuerza del mundo que una bb de dos años pueda tener y di tal cachetada a un tío X que hasta hoy me lo recuerdan. Dicen que le voltee la cara y deje marcada mi manito por muchos días.
Mi padre llegaba siempre del trabajo con un regalo, ya sea desde un caramelo a una muñeca pero siempre, siempre recibía algo. Esperaba con ansiedad a la hora prevista, miraba por la ventana, lo veía llegar y me escondía. El buscaba y preguntaba "Donde esta mi Anilu?" y yo "Aquí estoy!!!!" ya sabia que tenia algo para mi, reía, y saltaba, aplaudía, y seguía saltando, no cabía en mi cuerpito ansiosa pensando que me traerá hoy, un caramelo, un chupete chapulín, unas galletitas, que que queeeeeeee????? Eso se fue perdiendo con los años, obvio pero hoy tengo la misma actitud cuando recibo algún regalo, es una faceta que nunca cesa, me emociono abriendo los ojos mas grandes de lo normal, sin exagerar, y ahí comienza... mi corazón late, me toco las manos, salto como niña, y todo esto sin para de sonreir. Excepto cuando me daban dinero, se lo daba a mi madre. (que monga).
Uno de los regalos que nunca olvidare eran unas galletitas que elaboraban en una pastelería antigua ubicada en el centro de lima; mi papa una vez a la semana por lo menos me las traía, ese sabor, ese olor, permanece en mi memoria, nunca mas las probé, ya de grande busque la pastelería, lo que hoy es una tienda de abarrotes, me gustaría probarlas de nuevo…. Seria increíble.
De niña (hasta hoy) era muy traviesa también, construía casas con los cojines de los sillones, pero una vez, solo una vez, construí una mansión…. Inmensa, la mas grande, de color rosado (por el camarote), marrón (el comodín) y blanco (las sabanas). No tienes idea, lo construí de tal forma, que era una maravilla, invite a mis amiguitos de la siguiente casa, Toñito y su hermano. Abrí los cajones y puse ropa en ellos, esas eran las camas, las sabanas eran los techos, el camarote las paredes. Recuerdo muy bien, era un día soleado por la mañana. Estábamos felices en mi castillo, entre reyes y príncipes, mucho glamour pues teníamos nuestras mejores ropas. En el momento de dormir a los bebes (el hermanito y mi hermana), mi castillo se derrumbo, no prevé eso, un cajón se cerro con un bb dentro, El techo cayo sobre Toñito, una cama sobre mi hermana, la cómoda cayo sobre el camarote y yo quede en una esquina atrapada, desolada, asustada, con la ventana a mi espalda, del miedo no me di cuenta que mi dedo meñique (ninguna relación con el libro) estaba debajo del comodín superior. Reaccione al escuchar los gritos de mi madre y la madre de Toñito. Ahí recién se dieron cuenta del pequeño accidente. Nunca mas trate de construir castillos, solo cerrando los ojos, de esos que pueden durar un minuto como una eternidad, esos son más de mi alcance y son inmensamente maravillosos.

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